Uruguay

La educación sexual (no) es un juego

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Catálogo de Sexeduca

Vaginas de tela, loterías con imágenes relacionadas con la sexualidad o muñecos sin un brazo para explicar lo diversos pero a la vez iguales que somos todos. Desde hace siete años, Sara y Mariana, dos profesoras uruguayas de Biología, llevan las riendas de la colección SexEduca, un conjunto de juegos y juguetes que buscan que niños y adolescentes se familiaricen con conceptos relacionados a la sexualidad y la diversidad.

El nacimiento de este proyecto en una nación como Uruguay no parece casual. Desde 2008, el país cuenta con un plan de educación sexual, marco en el que Sara y Mariana comenzaron a trabajar con estos temas. Además, la capital, Montevideo, celebra cada septiembre el Mes de la Diversidad, con conferencias, fiestas o encuentros que desembocan en la Marcha de la Diversidad, el Orgullo Gay patrio. Recientemente, el Estado publicó, junto al colectivo LGTB Ovejas Negras, una guía sobre diversidad sexual que incluye orientaciones como “promover el uso de baños no generalizados” en los centros educativos o la lectura de cuentos “sin estereotipos de género”. Todo ello en el considerado en 2013 el país más ‘gay friendly’ de Sudamérica por la revista de turismo homosexual Spartacus.

Ese 2008 “empezamos a trabajar y nos damos cuenta de que no hay materiales. O sea, hay libros, láminas, y muy escasas las láminas”, cuenta Sara. “Y para tener que trabajar el tema de autoestima, de salud… Nada, te faltan materiales”. A ello se suman los problemas de los diferentes grupos de edad: “Yo empecé con preescolares, de 2 a 5 años, y con los niños no puedes solo hablar. Tenés que jugar, tenés que cantar, tenés que bailar. Y entonces empezamos a hacer con Mariana muchos juegos: recortar, pegar, con cartón, con goma Eva…, hasta que en un momento nos planteamos hacerlo en serio, mandar cosas a imprenta. O sea, hacerlo como un emprendimiento formal”. La experiencia estaba dando resultado: los materiales funcionaban bien, otros colegas les pedían unidades para ellos…

El repertorio de SexEduca es amplio: desde juegos de mesa como una lotería o un trivial hasta marionetas o juguetes de tela. El catálogo está abierto a consejos: por ejemplo, un compañero les sugirió crear un muñeco manco.

“Justamente jugando es la forma que tienen de incorporarse a ciertos conceptos que son tan importantes para la vida”, concluye Mariana. Ahora, el reto es, mientras elaboran una nueva guía de actividades, salir de los colegios y liceos (institutos) y llegar a los hogares uruguayos. Si ya han conseguido vender al exterior, podrán con ello.

Juego de SexEduca

Sara y Mariana no están solas en Uruguay. La organización cristiana Claves, con presencia en toda América Latina, también diseña iniciativas y juegos para mostrar la diversidad y evitar la violencia sexual, entre otros aspectos. “Empezar a pensar la violencia sexual desde la prevención” y “educar para la confianza”, resume Alicia Casas, una de las psiquiatras que trabajan con ellos.

Desde 1995, Claves prepara talleres lúdicos con niños y adolescentes para desarrollar fortalezas y capacidades con las que enfrentarse a situaciones de abuso sexual y de derechos. Forman educadores en lugares tan distantes como Honduras o Brasil. Lo que quieren es que la familia (cualquier tipo de familia; en Latinoamérica hay muchas: monoparentales, niños que viven con los abuelos porque los padres emigraron…) sea “el lugar donde crecer con seguridad”.

Entre sus productos llama la atención Antivirus B.T., un juego para que los niños aprendan a convivir en paz “detectando” el virus que ataca la convivencia, pero también tienen herramientas para la educación sexual, como PaS.O.S y MaS.O.S. Y todavía les queda tiempo para, atención, buscar “herramientas bíblicas y teológicas para la promoción de los derechos, de una vida sana, sin violencia. Porque entendemos que algunas maneras de hacer teología favorecen la violencia”. Sí, en Uruguay saben cómo trabajar para que la diversidad sea algo normal.

Muñecos de Sexeduca

Imágenes cedidas por SexEduca

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Un paseo por la Casa de Internet, el epicentro de la Red latinoamericana

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Los 20 kilómetros de rambla de Montevideo dan para mucho. En ese empedrado que mira al Río de la Plata se conjuga gran parte de la vida social de la capital uruguaya. Dejando atrás la Ciudad Vieja y el centro, en dirección al aeropuerto, llegamos al señorial barrio de Carrasco, donde la rambla, entre imponentes mansiones, alberga un edificio contemporáneo, de líneas rectas y volúmenes macizos, que acoge a algunas de las principales instituciones de internet para América Latina y el Caribe.

Ahí, en el paisito, está el epicentro físico de importantes decisiones para la región: ¿Quiénes otorgan las direcciones IP? ¿A quién tengo que acudir para registrar el dominio de mi marca? ¿Y cómo? Bienvenidos a la Casa de Internet.

“Lamentablemente estamos bien”, de Leila Macor

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Rambla de Montevideo al atardecer. Febrero de 2013.

Hay muchas maneras de conocer las costumbres de los uruguayos. Una de ellas es, cómo no, viajando a Uruguay y viviendo con ellos. Pero para quien no quiera o no pueda hacerlo quedan otras opciones, como la lectura. Una divertida y ligera recomendación es el libro Lamentablemente estamos bien, de mi compañera y amiga Leila Macor.

Leila es una periodista venezolana que durante un tiempo estuvo escribiendo una columna semanal en una revista del periódico uruguayo El Observador. En ella desgranaba todo lo que le llamaba la atención de la forma de ser de los uruguayos desde su óptica extranjera. Lamentablemente estamos bien recoge esos textos y otros nuevos en los que predomina el humor, la ironía y el costumbrismo.

Los temas son muy dispares y curiosos: el problema para cambiar billetes grandes en las tiendas, la justificación innecesaria de cualquier gasto que pueda parecer exorbitado, la velocidad de los taxistas en Montevideo o el amor por el mate y el dulce de leche. Aportarán conocimiento al foráneo y un gesto de asentimiento o indignación en el que conozca el país, según esté de acuerdo o no. Dejo a continuación algunos fragmentos del libro:

-¿Y vos qué hacés acá? -es la primera pregunta que se le hace aquí a cada extranjero que aparece, apenas uno musita un “buen día” y revela su acento.
Si la respuesta es tan vaga como la mía (vine porque me gusta), me miran como si fuera una extraterrestre. Las únicas respuestas que los uruguayos aceptan como válidas son:
-Soy segundo oficial del Consulado de Chipre.
-Me enamoré de un/a uruguayo/a.
-Vine a pasar aquí mi jubilación
-Me busca la Interpol.
Ante cualquiera de ellas, el curioso asiente, medianamente satisfecho, porque comprende que hay razones que, en contra de la voluntad del extranjero, lo fuerzan a permanecer aquí. De modo que con mayor o menor conmiseración lo dejan en paz. Lo que sin embargo no logran aceptar es que uno viva acá por la mera voluntad de hacerlo.

* * *

Si una mujer, por ejemplo, alaba los zapatos de otra, la respuesta de la segunda, invariablemente, es:
-¡Pero si los compré de oferta!
O, si los zapatos son visiblemente caros:
-Decidí hacer una inversión porque necesitaba un par de buenos zapatos que me duraran diez años, ¿sabés?
Y si alguien se compra un auto también debe justificarse, so pena de que los demás se pregunten en qué curro andará metido: “Decidí comprarlo porque lo van a usar hasta mis nietos. Con las cuotas no es tan difícil de pagar”.
-¿Así que fuiste al Caribe de vacaciones?
-Sí, pero ¿sabés que no es caro? Fijate, el pasaje cuesta…

* * *

¿Qué pasa con el cambio en este país? ¿No hay suficientes monedas, no hay bastantes billetes de baja denominación? Éste debe de ser el único lugar en el mundo donde un comerciante prefiere dejar de vender un producto antes que conseguir cambio para poder cobrarle a un cliente.
El resultado es que cada vez que le alargo un billete a un proveedor me tiembla un poco la mano, como el delincuente que entrega temeroso su cédula de identidad a un policía que se la pide por rutina.
“Me lo va a pedir, me lo va a pedir, me lo va a pedir”, recito en mi interior, como un mantra. Sudo frío. Hasta que finalmente lo escucho:
-¿Más chico no tenés?

* * *

Derrumbar la montañita o revolver la bombilla deben de ser las dos cosas que más enfurecen a los orientales, atacados en su más caro valor patrio. Equivale, en pequeña escala, a hacer estallar una embajada uruguaya en el exterior.
Los extranjeros somos la amenaza terrorista que se cierne sobre esa diminuta misión diplomática que es una matera y su contenido. Cada vez que cebo mi propia yerba debo esperar a que pasen los diez primeros minutos para que se aplaquen los comentarios de todos los presentes, que tienen muchas cosas que decir, más o menos ingeniosas, sobre la venezolana que está tomando mate. No entienden que uno ya pertenece al exclusivo club de los que explican con actitud suficiente el asunto de la montañita y del agua tibia previa.

Figuritas

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Puesto de intercambio de figuritas en Montevideo

Puesto de intercambio de figuritas en Montevideo

Uruguay vibra con el fútbol. Le apasiona. En época de Mundial, con el recuerdo del Maracanazo (atención al interactivo que creó The New York Times sobre el tema) y con un Luis Suárez que tiene en vilo al paisitocbbcc, no iba a ser menos. Muestra de esa pasión son las figuritas, como llaman acá a los cromos.

Año de Mundial significa álbum de figuritas de Panini. En estos días, muchos lo habrán completado ya y otros estarán en busca y captura de las últimas imágenes. Para estos últimos, Montevideo les pone las cosas fáciles.

Paseando por la Avenida 18 de Julio, una de las principales calles de la capital uruguaya, te encontrarás con el ‘canje de figuritas’: agarradas con pinzas o gomas elásticas en pequeños tacos, y anotados su número en un papel, se colocan sobre una tabla, a la espera de que, cual zapato de Cenicienta, calcen en el álbum de alguien. Esa tabla puede estar al abrigo de los periódicos de un quiosco o erguida sobre un improvisado pedestal, como la que llevo viendo varios días a escasos metros del palacio Salvo.

Me cuentan que este tipo de canjes son tradicionales aquí en Uruguay y, por lo que veo en YouTube, también en otros países se vive con pasión, como Bolivia. Cuando faltan pocas figuritas para completar el álbum, es lo más práctico, desde luego. Hasta Panini lo sabe: en un centro comercial vi un puesto oficial donde se vendían sueltas.

Para saber más:

Imagen: Proyecto Nomade V