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He recopilado en una página del blog diversos enlaces que tenía guardados sobre Brasil, el país en el que viví durante un año y que tanto me fascinó. Son recursos principalmente turísticos, pero también sobre cine o historia. ¡A disfrutarlos!

“Lamentablemente estamos bien”, de Leila Macor

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Rambla de Montevideo al atardecer. Febrero de 2013.

Hay muchas maneras de conocer las costumbres de los uruguayos. Una de ellas es, cómo no, viajando a Uruguay y viviendo con ellos. Pero para quien no quiera o no pueda hacerlo quedan otras opciones, como la lectura. Una divertida y ligera recomendación es el libro Lamentablemente estamos bien, de mi compañera y amiga Leila Macor.

Leila es una periodista venezolana que durante un tiempo estuvo escribiendo una columna semanal en una revista del periódico uruguayo El Observador. En ella desgranaba todo lo que le llamaba la atención de la forma de ser de los uruguayos desde su óptica extranjera. Lamentablemente estamos bien recoge esos textos y otros nuevos en los que predomina el humor, la ironía y el costumbrismo.

Los temas son muy dispares y curiosos: el problema para cambiar billetes grandes en las tiendas, la justificación innecesaria de cualquier gasto que pueda parecer exorbitado, la velocidad de los taxistas en Montevideo o el amor por el mate y el dulce de leche. Aportarán conocimiento al foráneo y un gesto de asentimiento o indignación en el que conozca el país, según esté de acuerdo o no. Dejo a continuación algunos fragmentos del libro:

-¿Y vos qué hacés acá? -es la primera pregunta que se le hace aquí a cada extranjero que aparece, apenas uno musita un “buen día” y revela su acento.
Si la respuesta es tan vaga como la mía (vine porque me gusta), me miran como si fuera una extraterrestre. Las únicas respuestas que los uruguayos aceptan como válidas son:
-Soy segundo oficial del Consulado de Chipre.
-Me enamoré de un/a uruguayo/a.
-Vine a pasar aquí mi jubilación
-Me busca la Interpol.
Ante cualquiera de ellas, el curioso asiente, medianamente satisfecho, porque comprende que hay razones que, en contra de la voluntad del extranjero, lo fuerzan a permanecer aquí. De modo que con mayor o menor conmiseración lo dejan en paz. Lo que sin embargo no logran aceptar es que uno viva acá por la mera voluntad de hacerlo.

* * *

Si una mujer, por ejemplo, alaba los zapatos de otra, la respuesta de la segunda, invariablemente, es:
-¡Pero si los compré de oferta!
O, si los zapatos son visiblemente caros:
-Decidí hacer una inversión porque necesitaba un par de buenos zapatos que me duraran diez años, ¿sabés?
Y si alguien se compra un auto también debe justificarse, so pena de que los demás se pregunten en qué curro andará metido: “Decidí comprarlo porque lo van a usar hasta mis nietos. Con las cuotas no es tan difícil de pagar”.
-¿Así que fuiste al Caribe de vacaciones?
-Sí, pero ¿sabés que no es caro? Fijate, el pasaje cuesta…

* * *

¿Qué pasa con el cambio en este país? ¿No hay suficientes monedas, no hay bastantes billetes de baja denominación? Éste debe de ser el único lugar en el mundo donde un comerciante prefiere dejar de vender un producto antes que conseguir cambio para poder cobrarle a un cliente.
El resultado es que cada vez que le alargo un billete a un proveedor me tiembla un poco la mano, como el delincuente que entrega temeroso su cédula de identidad a un policía que se la pide por rutina.
“Me lo va a pedir, me lo va a pedir, me lo va a pedir”, recito en mi interior, como un mantra. Sudo frío. Hasta que finalmente lo escucho:
-¿Más chico no tenés?

* * *

Derrumbar la montañita o revolver la bombilla deben de ser las dos cosas que más enfurecen a los orientales, atacados en su más caro valor patrio. Equivale, en pequeña escala, a hacer estallar una embajada uruguaya en el exterior.
Los extranjeros somos la amenaza terrorista que se cierne sobre esa diminuta misión diplomática que es una matera y su contenido. Cada vez que cebo mi propia yerba debo esperar a que pasen los diez primeros minutos para que se aplaquen los comentarios de todos los presentes, que tienen muchas cosas que decir, más o menos ingeniosas, sobre la venezolana que está tomando mate. No entienden que uno ya pertenece al exclusivo club de los que explican con actitud suficiente el asunto de la montañita y del agua tibia previa.

De viaje: Almadén

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La localidad de Almadén, en la provincia española de Ciudad Real, es famosa por sus minas de mercurio y cinabrio, ya explotadas por los romanos cuando estuvieron en la península ibérica. En la actualidad, existe la posibilidad de descender por ellas, como hicieron muchos esclavos y trabajadores durante siglos. Un atractivo turístico muy interesante que Almadén completa con edificios que forman parte de esta particular historia, como el hospital, la plaza de toros o la antigua cárcel. De ellos serán de los que hablemos hoy.

Museo hospital minero de San Rafael

Real hospital de mineros de san Rafael, en Almadén

Construido a mediados del siglo XVIII, fue el primer hospital creado expresamente para tratar una enfermedad laboral. En él se internaba a los afectados por hidrargirismo. Actualmente, está ocupado por una exposición sobre la minería y las funciones del hospital en la localidad. En ella destaca una máquina que nos permite comprobar los efectos del hidrargirismo en la escritura así como una reproducción de las celdas y de las habitaciones de los enfermos. Merece la pena pasearse por el patio, que recuerda a los jardines andaluces.

Plaza de toros

plaza-toros-almadenTambién de mediados del siglo XVIII, lo que más llama la atención de la plaza de toros de Almadén es su planta hexagonal, única en el mundo. En el interior todavía se festejan corridas de toros y se celebran festivales de teatro. Surgió de unas antiguas viviendas donde se alojaban las familias que explotaban las minas y que ahora se han reconvertido también en un hotel y una oficina de turismo.

Museo histórico minero “Francisco Pablo Holgado”

Los amantes de los minerales tienen aquí una gran colección donde, cómo no, el mercurio es uno de los protagonistas. Está ubicado en la actual Escuela Universitaria Politécnica de Almadén, donde también se encuentran las ruinas de la cárcel de forzados. Un montaje audiovisual cuenta las precarias condiciones de vida de estos trabajadores.

Para saber más:

Imágenes: WikimediaBlog de Víctor

De viaje: Bar The Clinic, en Santiago de Chile

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Bar The Clinic

¿Cuántas revistas conoces que tengan su propio restaurante? En Santiago de Chile puedes encontrar una de ellas. Se llama The Clinic, va a cumplir 15 años y es una revista semanal satírica, del estilo de las españolas El Jueves o Mongolia. En el centro de la capital chilena, en el barrio de Bellas Artes y muy cerca de la parada de metro homónima, se encuentra el Bar The Clinic, una tienda-restaurante que bebe del espíritu gamberro de “la madre” de papel.

Nada más entrar en el bar, te encontrarás un pasillo repleto de chistes gráficos que desemboca en un patio-restaurante. Este tiene una parte techada. También hay un comedor interior. Te sentarás y seguirás sonriendo con el menú, una pequeña obra de humor llena de chascarrillos. No te cortes: si te gusta puedes llevártelo. La carta es tan variada como el público que acude al lugar durante el almuerzo, desde ejecutivos veteranos a jóvenes “modernos”. En ella destacan los más de cuarenta vinos (Chile goza de fama internacional por ellos), nacionales e internacionales.

Interior del Bar The Clinic

Cuando termines de almorzar puedes pasarte por su tienda vintage, con multitud de discos, libros o ropa. Bar The Clinic es un restaurante curioso como pocos, una visita muy adecuada para los amantes del humor y una parada diferente en el recorrido turístico de Santiago de Chile.

Imágenes: The ClinicHostal Providencia

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