Brasilia

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Estuve en Brasilia del sábado al lunes. Da la impresión de que es una ciudad desangelada. “Inaugurada” en 1960 tras poco más de tres años de obras, la capital de Brasil está conformada por bloques de edificios divididos por sectores (hoteles, viviendas, ministerios…) que dan a la urbe un aspecto futurista y de otro mundo.

Uno siente eso cuando Eduardo, mi guía de excepción, te lleva en coche (la forma más práctica de recorrer las largas distancias de Brasilia) entre la explanada de los ministerios. El automóvil avanza dejando a izquierda y derecha edificios idénticos, tan solo diferenciados por las letras que nombran la cartera que se aloja en ellas. Desarrollo Agrario, Cultura, Minas… Hay dos excepciones: el de Justicia e Itamaraty, el de Asuntos Exteriores. Me explica Eduardo que es simbólico, para resaltar la importancia de la justicia y las relaciones internacionales de un país.

Ministerio de Justicia de Brasil, en Brasilia

Ministerio de Justicia

Palacio de Itamaraty, en Brasilia

Palacio de Itamaraty, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasil

Simbólica es también la catedral metropolitana, diseñada, como tantos edificios de la ciudad, por el recientemente fallecido Oscar Niemeyer. Su baja altura hace referencia a que el poder religioso está por debajo del poder civil (justo a unos metros comienza una hilera de ministerios).

Imagen de la catedral metropolitana de Brasilia

Catedral metropolitana

En un fin de semana de diciembre, Brasilia parece una ciudad fantasma. No te cruzas con nadie por los amplios espacios que separan los edificios residenciales entre sí. Quizá alguna persona que hace ejercicio. Poco más. ¿Están todos en sus casas? ¿Dónde están los bares, los restaurantes, la animación de la calzada como en Río de Janeiro o en Madrid?

Zona residencial de Brasilia

El sector de las embajadas es interesante. Amplios terrenos con enormes, imponentes edificios, alejados de la ciudad. Si eres español, paraguayo, austriaco o iraquí y necesitas realizar alguna gestión, tendrás que tomar necesariamente el coche o un taxi: por ahí no pasan autobuses.

Porque eso también hay que contarlo: el transporte público apenas existe. Hay una línea de metro que conecta las ciudades satélite con la zona sur y autobuses cuyo aspecto externo denota muchos años de servicio y que no parecen muy prácticos para moverse por la ciudad.

Brasilia es profundamente hermosa, pero parece que no tiene alma, que sus calles están deshabitadas. Es un conjunto de edificios bellos al que le falta la vitalidad de otras ciudades para ser considerada como tal.

Fotogalería: Huellas de Niemeyer en Brasilia

Gráfico: Brasilia, icono de Niemeyer

Imágenes: Milenio.com, Panoramio.com, Flickriver.com,

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2 comentarios sobre “Brasilia

    Ante los ojos del mundo | José Manuel Blanco escribió:
    15 de junio de 2013 en 0:23

    […] con la fiesta. Es una oportunidad de oro, como la de las otras cinco ciudades (Belo Horizonte, Brasilia, Recife, Salvador y Fortaleza), para darse a conocer. O más bien, volver a darse a conocer, porque […]

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    Faroeste Caboclo | José Manuel Blanco escribió:
    9 de julio de 2013 en 1:56

    […] un joven que, tras una infancia y adolescencia complicadas, huye del seco noreste brasileño a Brasilia, donde se convierte en criminal. En la capital del país conoce a Maria Lúcia, se enamoran y se […]

    Me gusta

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