Botafogo

A primera vista, Botafogo es un barrio tranquilo, de edificios bajos y más bien antiguos. Un pequeño paseo te muestra la decadencia de muchos de ellos, de un pasado glorioso que ya no regresará.

Botafogo se pone en marcha muy temprano. Si ya a las seis de la mañana la claridad del cielo es total (a la espera del cambio horario que retrase este momento), en dos horas la calle se llena del bullicio propio del Madrid de media mañana. Suenan los coches pasar a toda velocidad (el tráfico es muy ruidoso, horrible), la gente hablar o, incluso, algún que otro avión que vuela bajo y de forma estremecedora.

El tiempo pasa aquí más despacio. Esa es la sensación que me da. Los relojes se detienen y cuando te das cuenta has ido a la playa, comprado un adaptador universal de corriente o hecho el carné de socio de la biblioteca del Cervantes antes de que sean las seis de la tarde y comience a anochecer.

De momento, tenemos un tiempo de lujo. El miércoles, por ejemplo, hizo una especie de hermoso día primaveral español: ni frío ni calor, con una ligera brisa cerca de la Praia de Botafogo.

La foto, que disparé el jueves desde la terraza del Botafogo Praia Shopping (un centro comercial como los españoles) es del Pan de Azúcar, quizá el más famoso de los múltiples morros que hay en Río de Janeiro. A su derecha, el morro de Urca.

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5 comentarios sobre “Botafogo

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